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Sentencia devuelve a la Fundación la marca de color rojo Kanku

27 de Julio de 2006 | Organización

Sentencia transcendental contra Matsui devuelve a la Fundación Kyokushin Shogakukai de Mas Oyama la marca de color rojo Kanku y abre el camino para la readquisición final de las marcas “Kyokushinkai”



Japón acaba de ver los resultados de una larga batalla en las salas de sus juzgados entre la fundación no lucrativa Kyokushin Shogakukai de Mas Oyama y el Sr. Shokei Matsui sobre el derecho a las marcas registradas del Kyokushin. Son menos de 20, incluyendo las múltiples variaciones de los logotipos que asociamos con el Kyokushin, tales como la marca de color rojo kanku, la caligrafía “Kyokushinkai” que aparece en todos los uniformes del Kyokushin, y el nombre Kyokushinkaikan.
La titularidad de las marcas “Kyokushin” ha sido disputada desde el fallecimiento de Mas Oyama en 1994 cuando el Sr. Matsui comenzó a perder el control sobre la organización compuesta por 12 millones de miembros, que se desmembró en los diversos grupos actuales. Antes de fallecer Mas Oyama, el “Kyokushin” gozaba del mayor prestigio en todo el karate japonés. A pesar de estar descontentos, muchos de los seguidores del Sr. Matsui se quedaron con él porque su grupo ostentaba el nombre original de la organización.

A mediados de los ochenta, Mas Oyama creó la Kyokushin Shogakukai, una fundación sin ánimo de lucro reconocida por el gobierno japonés y dirigida por 15 asociados de confianza, para que perdurara tras su muerte y no fuese administrada por desaprensivos en busca de beneficios lucrativos propios. Mas Oyama registró los logotipos del Kyokushin en la oficina de marcas y patentes de Japón en nombre de dicha Fundación, a la cual confió la salvaguarda del nombre “Kyokushin”.

Desgraciadamente, en los últimos años de su vida, agotado por las preparaciones para el quinto campeonato mundial de 1991, y al no poder preocuparse de ello, se dejó caducar el estado legal de la Fundación. Para que la Fundación gozase de su estatus no lucrativo, se deberían haber cumplido una serie de requisitos mínimos que llevaban mucho tiempo y esfuerzo, tales como la celebración de reuniones semestrales de la junta directiva y la redacción de informes semestrales que exigía el Ministerio de Educación.

Pero lo más importante era que el Ministerio requería que la Fundación viviese de los intereses bancarios obtenidos por la mínima suma exigida de cien millones de yenes (casi un millón de dólares USA). Y sin esta elevadísima cantidad en el banco, la Fundación perdió su estado legal. Aunque no dejó de existir, suspendió su actividad hasta que obtuviese los ahorros necesarios. Mientras tanto, la Fundación no renovó las marcas (lo cual debe hacerse cada diez años). El Sr. Matsui aprovechó la ocasión para registrarlas a su favor tras fallecer Mas Oyama.

Pero lo más indignante fue que, tal y como fue probado y aceptado por el Tribunal, el Sr. Matsui falsificó los documentos no una sino dos veces para poder transferir la titularidad de las marcas a su nombre. Primero, le fueron denegadas por haber pertenecido a la Fundación. Pero, la segunda vez presentó una carta falsificada, firmada por el Sr. Umeda, miembro destacado de la Fundación, en que otorgaba su permiso en nombre de la junta directiva. Así, la oficina de marcas concedió el registro de la marca en nombre del Sr. Matsui.

También, como consecuencia de ello, la Fundación comenzó a sospechar de la carta que el Sr. Matsui había utilizado para transferir una serie de marcas a su nombre al fallecer Mas Oyama. El Sr. Matsui había registrado las marcas a su nombre basándose en dicha carta escrita a máquina en el nombre del Sr. Shiotsugu, presidente del directorio en ese momento.

Esto resulta inverosímil porque este señor no podía aprobar que el Sr. Matsui recibiera las marcas como individual, ya que el testamento de Mas Oyama no lo permitía expresamente. El Sr. Shiotsugu, con plenas facultades mentales, pero físicamente discapacitado, siempre consultaba con el Sr. Umeda cualquier tema relacionado con el Kyokushin. Pero el Sr. Umeda no conoció el hecho de que el Sr. Matsui había obtenido el permiso del Sr. Shiotsugu hasta que leyó las declaraciones que hizo el Sr. Matsui durante el juicio.

Este último afirmó haber visitado al Sr. Shiotsugu en su lejana casa con el fin de obtener dicha autorización. Pero cuando falleció Mas Oyama, se supo que el “hanko” (el sello tradicional que se usa en Japón para la firma de documentos) del Sr. Shiotsugu se encontraba en la caja fuerte de la oficina de Ikebukuro de Mas Oyama (ocupada después por el Sr. Matsui) y que el Sr. Matsui jamás había visitado la casa del Sr. Shiotsugu, ya que éste tenía que ser asistido constantemente por su esposa o por su enfermera. Ambas señoras testificaron que el Sr. Matsui nunca estuvo allí. Así el juez dictaminó que el Sr. Matsui había falsificado el documento con el único fin de obtener las marcas del Kyokushin.

Lamentablemente, no pudieron iniciarse las pertinentes acciones legales relativas a las marcas hasta que el presidente Hatsuo Royama y el vicepresidente Tsuyoshi Hiroshige del Kyokushin-kan, tras largos procesos de negociación, pudieron reconstituir la junta de la Fundación. Al haber transcurrido más de diez años desde la ilegalidad cometida por el Sr. Matsui, tiempo límite para un juicio por lo criminal, a éste no se le pudo enjuiciar por fraude. Así, este juicio tan solo fue por lo civil en el que se buscaba la reclamación de la titularidad de las marcas.

Recordemos que ambos dirigentes del Kyokushin-kan deseaban establecer de nuevo la Fundación para satisfacer las últimas voluntades de Mas Oyama. Esta misión debería haberla realizado el Sr. Matsui según el testamento. Antes de su muerte, Mas Oyama buscó desesperadamente el reconocimiento de la Kyokushin Shogakukai: envió al entonces jefe de sucursal, Tsuyoshi Hiroshige, en varias ocasiones al Ministerio de Educación para poder conseguir que la Fundación reestableciese su estatus para así vigilar el legado del Kyokushin.

Quizás si el Sr. Matsui hubiese dirigido el Kyokushinkaikan de una manera en que hubiera sido respetada por la mayoría de los seguidores de Mas Oyama, el Sr. Royama y el Sr. Hiroshige no se hubieran visto obligados a intervenir para satisfacer este requisito. Sin embargo, como la organización de Mas Oyama se estaba desintegrando bajo el liderazgo del Sr. Matsui y, como resultado, se estaba dañando la reputación del Kyokushin, los fundadores del Kyokushin-kan no tuvieron más remedio que separarse de él, para así activar el mecanismo de seguridad que precisamente Mas Oyama había previsto como protección para este peligro.

El Sr. Matsui ya no salvaguardaba al Kyokushin. No le interesaba restablecer la Kyokushin Shogakukai. Por eso, no hubo otra opción para el Sr. Royama y el Sr. Hiroshige. Al Kyokushin-kan le complace en extremo la decisión del juzgado a favor de la Kyokushin Shogakukai. Aunque la victoria no ha sido completa, se percibe claramente que los eventos conducirán al resultado esperado en pro del Kyokushin-kan y del legado de Mas Oyama.

El Tribunal retornó la propiedad del kanku, el símbolo de color rojo, a la Kyokushin Shogakukai, estando a punto de despojar al Sr. Matsui de la caligrafía “Kyokushinkai” y del nombre Kyokushinkaikan. Para entender el alcance que esta decisión puede tener en el futuro, hay que comprender el razonamiento de los jueces. Aunque a veces nos gustaría que las decisiones se basasen en la rectitud moral, la verdad es que tienen el deber de interpretar la letra de la ley.

La decisión, que abarca 50 páginas en japonés, dejaba claro que todo estaba en contra del Sr. Matsui, ya que determinaba de forma clara que había obtenido las marcas registradas del Kyokushin de forma fraudulenta.

Las marcas registradas que se devolvieron a la Kyokushin Shogakukai fueron las que todavía estaban en posesión de la fundación durmiente cuando el Sr. Matsui se las apropió personalmente. Recordemos que en Japón son válidas durante diez años y deben renovarse para que sigan en vigor.

Aunque el registro de varias marcas del Kyokushin, incluyendo la del kanku no había expirado, la caligrafía “Kyokushinkai” y el nombre Kyokushinkaikan sí lo habían hecho y no habían sido renovadas porque la Kyokushin Shogakukai se encontraba inactiva. Así, el Tribunal determinó que mientras la acción fraudulenta del Sr. Matsui (con la falsificación de Shiotsugu) había sido ofensiva a la Fundación en términos de la marca del kanku y de otras que seguían en vigor, la acción fraudulenta (con la falsificación de Umeda) en términos de las marcas que habían expirado era sólo ofensiva en cierto sentido a la oficina de marcas.

Como las acciones emprendidas por la Kyokushin Shogakukai contra el Sr. Matsui eran civiles y se buscaba reparar el daño que éste había causado directamente a la Fundación, lo mejor que podían hacer los Tribunales era el devolver de nuevo a la Fundación las marcas que fraudulentamente había conseguido el Sr. Matsui.

El verdadero impacto de la decisión de los jueces no es quién posee las marcas. Por primera vez, el público japonés, y lo que es más importante, los seguidores de Mas Oyama han visto cuál era el poder fraudulento del Sr. Matsui al dirigir el Kyokushinkaikan y cuál era la intención de Mas Oyama.

Las marcas que todavía están en posesión del Sr. Matsui no lo serán de forma permanente. Aunque pudiese ganar el próximo juicio contra la Kyokushin Shogakukai sobre lo que pertenece a ésta, el Sr. Matsui perderá el derecho a las marcas cuando caduque su registro. Aunque la sentencia no retornó las restantes marcas a la Fundación, sí determinó que el Sr. Matsui no puede reclamarlas legalmente. Y al retornar el kanku y otras marcas, reconoció que la Fundación sí posee un derecho legitimo sobre ellas.

Recordemos que si no hubiese sido por el límite de diez años impuesto por el estatuto japonés, la conclusión del juzgado de que el Sr. Matsui había falsificado los documentos hubiera dado con él en la cárcel. Sin embargo, se perdió esta oportunidad, y como el Sr. Matsui mantiene suficiente influencia en Japón, probablemente sobrevivirá y continuará beneficiándose como presidente de su propia organización.

Aunque Mas Oyama había puesto sus esperanzas en el Sr. Matsui, que contaba entonces con 33 años de edad, y al que nombró presidente de la IKO, también estaba claro en su testamento que nunca quiso que el Kyokushin se convirtiese en el feudo de una sola persona. Por el contrario, Mas Oyama creó la junta directiva independiente de la Kyokushin Shogakukai para vigilar al líder que pudiera ser vencido por la corrupción del poder o del dinero, con el fin de que el Kyokushin nunca pudiera quedar manchado.

Por supuesto, los miembros de la junta directiva que no sean karatekas no sabrán de karate más que un presidente que lo sea, pero sí que puede confiarse en ellos como observadores independientes que vigilen cualquier signo de corrupción y que pueden juzgar si cualquier presidente actúa tal como Mas Oyama quería cuando creó su Fundación.

Es importante subrayar que la Kyokushin Shogakukai NO es lo mismo que el Kyokushin-kan. La Shogakukai se compone de una junta directiva de 15 miembros- incluyendo varios directivos originales que el mismo Mas Oyama nombró- encargados de cerciorase de que los que utilizan las marcas del Kyokushin están propagando los ideales que Mas Oyama aprobaría.

Es cierto que el presidente del Kyokushin-kan Hatsuo Royama y el vicepresidente Tsuyoshi Hiroshige trabajaron para que los miembros de la Shogakukai se reuniesen de nuevo y buscasen que el gobierno japonés la reconociese, y también es verdad que la junta directiva está apoyando al Kyokushin-kan como el grupo más representativo que Mas Oyama hubiese deseado.

Aunque también es cierto que la Shogakukai es una organización independiente que un día pudiera quitar al Kyokushin-kan su derecho a usar las marcas del Kyokushin, lo mismo que ahora está tratando de que el Sr. Matsui las devuelva.

Así que, ¿cómo puede influir esta decisión- y, como predecimos, el que la Fundación reclame todas las marcas del Kyokushin- en el mundo del Kyokushin?

Durante la pasada década, el Sr. Matsui ha tratado una y otra vez de evitar que los cincuenta jefes de sucursal originales (nombrados por el mismo Mas Oyama) usasen las marcas del Kyokushin basándose en que él las tenía registradas.

La Kyokushin Shogakukai, sin embargo, NO intentará evitar que las usen, porque la Kyokushin Shogakukai cree que debe respetarse el nombramiento de Mas Oyama de estas personas y el permiso que les concedió para usar las marcas en sus zonas geográficas designadas. Se espera que esta oferta de “una rama de olivo” de paz haga que algunos, o muchos, de los jefes de sucursal que le sobrevivieron vuelvan finalmente a la Shogakukai y se reincorporen a una sola organización tal como lo desearía Mas Oyama.

Queda claro, sin embargo, por el testamento de Mas Oyama, que él quería una sola organización que ostentara el nombre de Kyokushin en el futuro.

En consecuencia, la Kyokushin Shogakukai es probable que impida que cualquiera de estos 50 jefes de sucursal japoneses que no se unan a la organización unificada que apoye la Shogakukai, a) usen el nombre o las marcas de Kyokushin fuera de su territorio asignado en Japón para promocionar cualquier tipo de organización nacional o internacional, o b) pase el nombre a sus alumnos o a sus descendientes para su uso. Adicionalmente, la Shogakukai prohibirá con firmeza la utilización del nombre Kyokushin, o cualquier variación del mismo, a cualquier persona que no pertenezca a la organización que apoya o de los 50 jefes de sucursal de Mas Oyama sobrevivientes.

Kyokushin-kan y Shin-Kyokushin, son ejemplos de las variaciones del nombre Kyokushin que no serán permitidas por la Shogakukai una vez que recupere todos los derechos a las marcas registradas del Kyokushin. Kyokushin-kan entregará gustosamente a la Shogakukai todos los derechos de su propia marca legalmente registrada una vez que esto ocurra, para que la Shogakukai pueda restringir su uso como crea conveniente.

En el Kyokushin-kan estamos convencidos que el uso de un nombre específico para nuestra organización es mucho menos importante que los ideales que estamos fomentando, o que la intrínseca visión que tienen nuestros líderes para el futuro. La razón por la que el Kyokushin permaneció como el karate más fuerte del mundo durante la vida de Mas Oyama fue que éste poseía la visión para permitir que el Kyokushin se desarrollase generación tras generación con el fin de satisfacer las demandas de cada nueva era.

Por eso, si nos falta visión para permitir que este proceso continúe, si nos esforzamos en detener la evolución del Kyokushin en el momento exacto en que muere Mas Oyama, o si nos unimos a organizaciones sin líderes calificados, el Kyokushin perderá el lugar destacado que logró Mas Oyama trabajando a lo largo de su vida.

En el Kyokushin-kan creemos que el Kancho Royama y el vicekancho Hiroshige poseen la visión necesaria para que el Kyokushin empiece este siglo veintiuno con éxito y para continuar así de una forma en la que Mas Oyama se sentiría orgulloso. Ésta es la razón por la que insistimos en seguirlos no importa el nombre que haya que usar.

Aunque estamos seguros de que a Mas Oyama le agradaría que el nombre que él puso continúe representando el karate más fuerte del mundo en el siglo actual, también sabemos que le gustaría que siguiésemos adelante con una visión correcta del futuro del Kyokushin, aunque fuese con un nombre diferente si por cualquier formalidad no pudiéramos utilizarlo.

Felizmente, no parece ser que tengamos que hacer ningún sacrificio en el Kyokushin-kan. Uno de los ideales claves del karate como budo que nos enseñó Mas Oyama fue lealtad, y sabemos sin la menor duda que él quería que continuásemos propagando sus ideales del “budo karate” y que lo llamáramos Kyokushin. Además, sabemos que él quería un solo Kyokushin.

Por consiguiente, nos complace sumamente el observar cómo se están desarrollando los eventos actuales en Japón. Todavía se necesitará algo más de tiempo y algo de trabajo duro, pero todo indica que volverán a la Kyokushin Shogakukai todas las marcas registradas del Kyokushin, lo mismo que retornó la del kanku, y que seremos capaces de cumplir con la mayor lealtad hacia Mas Oyama, tanto continuando en el futuro con sus ideales de lo que debe ser el “budo karate” como, al mismo tiempo, garantizando que se llamará “Kyokushin”, el nombre que decidió dar Mas Oyama al karate más fuerte del mundo.

Ensayo escrito en el inglés original por Nathan Ligo, con la ayuda de Takaaki Enami, y revisado por Annie Gottlieb (esposa de Jacques Sandulescu). La decisión del juzgado que abarca 50 páginas está disponible en línea en japonés en este enlace: clic aquí (y después un clic en el pequeño icono marcado “PDF”). (Traducido al español y resumido por José A. Millán)